HAZAÑAS

Las hazañas son logros que fueron conseguidos tras una dificultad sumamente adversa, momentos en donde la actitud y la valentía de sus protagonistas se dan a relucir. Cada hazaña posee una singularidad que la diferencia de todas las demás, destacándose por sus características y el contexto en el que se desarrolla. Claramente, son enormemente raras, ya que es un acontecimiento que va en contra de la estadística y de cualquier pronóstico.

Peñarol tiene 3 hazañas claves en sus más de 130 años de vida: La Remontada “A lo Macho” al River argentino (en 1966), La Noche del Chamartín (en el mismo año) y Las Finales del 1987 ante el América de Cali.

 

La Remontada “A lo Macho”

La primera gran hazaña del Club del Pueblo fue la inolvidable remontada contra River Plate en la tercera final de la Copa Libertadores de América en 1966. El marcador definitivo fue 4-2; lo impactante es que hasta los 65´, Peñarol perdía por dos goles de diferencia.

El Decano es el único equipo en remontar un 2-0 adverso en esta instancia del torneo, además que su reacción solo tardó 6 minutos en surtir efecto y poner en igualdad el encuentro mediante golazos.

DESARROLLO

En 1966, Peñarol tenía un plantel repleto de estrellas, pero la prensa y los rivales lo clasificaban como un plantel “viejo” y con el honor mancillado (debido a que el año pasado, había caído contra Independiente en la final del prestigioso torneo). Tras una gran campaña en la Copa (que arrancó siendo negativa, pero que se repuso con rapidez, goleando y demostrando un fútbol sobresaliente), el Manya se vería las caras en la final contra River Plate. Ambos equipos se imaginaban que las batallas a disputar serán duras, pero lo que no imaginaban, es que encarnarían una de las mejores finales en la historia del fútbol.

Las finales eran ida y vuelta, el criterio de desempate era un sistema de puntos: 2pts por victoria, si en la segunda final quedaban empatados en puntos, se debería jugar una tercera final en cancha neutral.

★ En el primer partido: el Decano se impondría 2-0 (goles de J.C. Abbadie y Juan Joya).

★ En el segundo partido: el Millonario haría valer su localía con un 3-2 (goles de Rocha y Spencer).

El 20 de mayo, se dió inicio al desempate. En un encuentro muy reñido, los atacantes del conjunto argentino encontraron debilidades en la defensa Mirasol, marcando dos goles en los primeros 45´.

El Carbonero saldría al segundo tiempo con una actitud persistente, siempre tratando de buscar la red. La insistencia tuvo sus frutos, Alberto Spencer (a los 65´) marcó el descuento y el “Pardo” Abbadie (a los 71´) puso la paridad que llevaría a los tiempos suplementarios. Ya en el extra, Spencer de cabeza anotó el 3-2 y Rocha (también de cabeza) bajo la guillotina que sentenció la final.

(Para el relato completo del camino, los partidos y el contexto, véase: COPAS → LIBERTADORES 1966).

La Noche del Chamartín

La segunda hazaña, y la más importante en la historia del Club y del fútbol uruguayo, correspondiente a la Copa Intercontinental de 1966, tuvo lugar el 26 de octubre. Peñarol logró lo que ningún otro equipo sudamericano ni europeo había conseguido antes: vencer en una final al club más grande de la historia del fútbol (Real Madrid) en su propio estadio. Ese día, el Decano se consagró bicampeón mundial en La Casa Blanca, en un partido marcado por el altísimo nivel futbolístico de los mejores planteles del momento. Con goles de Spencer y Rocha, Peñarol dejó una huella imborrable y marcó un antes y un después en la competición intercontinental.

DESARROLLO

Después de lograr la épica contra River en la final de la Libertadores en 1966, tocaba medirse con el campeón vigente de Europa. Por casualidades de la vida (o tal vez no), el rival a vencer sería el mismo Real Madrid, el equipo que 6 años atrás había goleado al Carbonero en la final por el mismo torneo. Por lo que el equipo Mirasol podría ajustar cuentas.

La actitud y el fútbol de Peñarol sorprendió desde el inicio: en la primera final (jugada el 12 de octubre), Alberto Spencer, con un doblete característico de un jugador clase A como él, le daría la victoria al Decano. Los Merengues se fueron impactados y con cierto enojo, no cualquiera se le plantaba de esa forma al ya consagrado Monarca de Europa.

El 26 de octubre, llegó el ansiado partido de vuelta: Peñarol con la necesidad de mantener el resultado o de ganar; el Real Madrid tenía sí o sí que vencer para no quedar eliminado.

El Aurinegro pudo ganar cómodo y llevarse el trofeo, marcando acontecimiento que con el pasar de los años se acrecentó. Además que Uruguay es el único país en donde los de Blanco no tienen historial positivo.

(Para el relato completo del camino, los partidos y el contexto, véase: COPAS → INTERCONTINENTAL 1966).

Las Finales del 87: El Peñarol de los Milagros

La última y más emblemática hazaña del Club, que resuena en la memoria tanto de aquellos que la vivieron en persona, como de los que solo escucharon su épico relato. Las finales de la Copa Libertadores de 1987 fueron un evento único que solo los poseedores de la casaca amarilla y negra fueron capaces de ganar. Las finales más recordadas son la segunda y la tercera –ambas victorias de Peñarol–.

DESARROLLO

Tras caer en la primera final por 2-0, el equipo dirigido por el “Maestro” Tabárez sufrió una lluvia de críticas por la gran diferencia de calidad con los jugadores del América de Cali. Con la necesidad urgente de revertir la situación en la vuelta, los jóvenes aurinegros pusieron toda la actitud y los recursos técnicos a su disposición para lograrlo.

Los de Colombia se pusieron arriba con un golazo demoledor a los 20´ de juego, pero su condena sería su actitud temerosa, planteando un equipo más defensivo y con toques en su lado de la cancha. Esto fue entendido perfectamente por Diego Aguirre y sus compañeros. A los 68´, la “Fiera” puso el 1-1 mediante un cabezazo en el área.

Con el ánimo repuesto, todo el equipo se balanceaba hacia la ofensiva, el tiempo y las oportunidades se acababan, pero una falta al borde de la medialuna renovó las esperanzas para ponerse adelante. El encargado de la pelota quieta sería el veinteañero Jorge “Bomba” Villar; el juvenil no decepcionó y la clavó en el ángulo derecho. Marcando con fuego uno de los mejores goles de tiro libre en la historia de la institución.

El Carbonero se llevaría un valioso triunfo que igualaba la serie (en puntos), por lo que habría que jugar la final de desempate. Pero el factor que condicionó a los dos equipos, fue que si terminaba en empate, el América se consagraría campeón debido a la diferencia de goles. 

La última final se disputó en Chile, el día 30 de octubre.

Peñarol salió con toda la actitud al igual que el América, aunque este último cometió el error que lo condenó en el partido pasado: jugar a la defensiva. Tras muchos palos y pelotas a la tribuna, el tanteador no se movió y llegó el tiempo extra. Con un Peñarol transformado en un vendaval, intentó desde todos los ángulos. El gol no llegaba, la desesperación aumentaba. Pero a los 120´, un pivoteo de Villar hacía Aguirre, lo dejó en frente al arco (aunque rodeado de defensas) y remató con toda la violencia directo al ángulo inferior izquierdo.

Diego Vicente Aguirre anotó uno de los goles más gritados en cientos de años de vida del Club. Enmarcando la frase (en todos los diarios y en el vocabulario popular) “El Peñarol de los Milagros”.

(Para el relato completo del camino, los partidos y el contexto, véase: COPAS → LIBERTADORES 1987).