1966: A lo Macho
En el año 1966 se pudo observar la mejor versión del Aurinegro en la historia, un equipo perfectamente estructurado tanto por nombres como por calidad, algunos sectores de la prensa catalogaban a este equipo como “viejo y sin mucha voluntad” por perder las finales contra Independiente el año anterior.
Roque Maspoli (ex arquero campeón del Maracanazo) era el DT que comandó a Peñarol en esta nueva edición de copa.
FORMATO
El nombre se cambió al ya mítico “Copa Libertadores de América”; se mantuvo el mismo sistema de puntos en las finales; el cambio más abrupto fue que los subcampeones de las respectivas ligas de CONMEBOL también entraron en la disputa por el título, lo que aumentó considerablemente el número de participantes e introdujo un nuevo sistema de fases de grupos.
El sistema fue el siguiente:
★ 3 grupos (dos de 6 equipos y uno de 4).
Los clasificados de un mismo país iban a un mismo grupo (por ejemplo: Peñarol y Nacional en el grupo 3), esto generaba encuentros clásicos.
★ PRIMERA FASE: Los primeros y segundos de los grupos se clasificaban a la segunda fase (donde arrancaba el campeón vigente, en este caso, Independiente).
★ SEGUNDA FASE: 2 grupos (uno de 3 y otro de 4 equipos); los que saliesen primeros en cada grupo, irían a la final.
★ FINAL: Mismo formato que en las ediciones anteriores.
Los equipos que participaron (aparte de Peñarol) fueron:
Nacional (URU)
Independiente (ARG)
Boca Junior (ARG)
River Plate (ARG)
Deportivo Municipal (BOL)
Jorge Wilstermann (BOL)
Universidad de Chile (CHI)
Universidad Católica (CHI)
Emelec (ECU)
9 de Octubre (ECU)
Olimpia (PAR)
Guaraní (PAR)
Alianza Lima (PER)
Universitario (PER)
Lara (VEN)
Deportivo Italia (VEN)
TRANSCURSO
Peñarol formó parte del grupo 3, junto con Nacional (URU), Jorge Wilstermann (BOL), Deportivo Municipal (BOL), 9 de Octubre (ECU) y Emelec (ECU).
El inicio de la copa no pudo ser peor: en las dos primeras fechas cayó ante Nacional (4-0) y, en la segunda, contra el campeón boliviano (1-0) de visita.
Feo comienzo que abrió la puerta a dudas; la respuesta Mirasol a esas dudas fue ganar los 8 partidos restantes del grupo, incluyendo el clásico por goleada 3-0 con dos goles de Rocha y uno de Joya.
Peñarol avanzó de fase como líder del grupo con 16 puntos; el Tricolor fue el otro clasificado con un punto menos.
16 pts | C.A. PEÑAROL ★
15 pts | C. NACIONAL de F.
10 pts | JORGE WILSTERMANN
9 pts | DEPORTIVO MUNICIPAL
8 pts | 9 DE OCTUBRE
2 pts | EMELEC
En la segunda fase le tocó junto a Universidad Católica (CHI) y, nuevamente, Nacional.
El primer partido lo perdió en Santiago (1-0); lo repuso la victoria clásica por 3-0 con hat-trick de Pedro Virgilio Rocha; ganó a los chilenos en el Centenario por 2-0 (goles de Rocha y Joya) y otra vez a Nacional con un único gol del “Pocho” Cortés.
De esta forma, quedó primero de grupo con 6 puntos y el Carbonero volvió a definir el máximo título; esta vez, contra River Plate —institución con la que el Decano compartía una amistad fraternal desde las primeras décadas del siglo—.
FINALES
La primera final se jugó el 14 de mayo en el Centenario a la vista de 55 mil hinchas.
Peñarol se llevó la victoria con un 2-0 (goles del “Pardo” Abbadie y de Juan Joya).
En la segunda final, jugada el 18 de mayo en el enorme Monumental, se disputaron 90’ inolvidables.
Partido reñido; las defensas de ambos por momentos hacían agua; a la media hora de encuentro, Abbadie desbordó por el borde del área, sacó la falta y, por consecuencia, el penal, que fue ejecutado por Pedro Rocha tras aprovechar el rebote de Carrizo (arquero rival); la alegría no duró mucho; cerca de los 40 minutos, Ermindo Onega —jugador sensación del momento que años más tarde jugaría en el Manya— aprovechó el descuido de la defensa Mirasol tras un rechace de Mazurkiewicz y puso la igualdad para el descanso.
Peñarol salió del receso con actitud; Alberto Spencer empezó a dejar su sello con una jugada individual espectacular: robó una pelota en el círculo central, corrió con una velocidad animal, dribló a su marcador y, finalmente, se la “cuchareó” por encima al arquero; el estadio quedó estupefacto frente a la gran definición del ecuatoriano; lamentablemente para los Manyas, Sarnari (mediocentro de River) estableció nuevamente la igualdad tras otro descuido de la defensa Mirasol, dejándolo entrar solo al área para cabecear; esto significó un envión anímico para el local, desembocando en una lluvia de ataques que hizo que llegara el gol nuevamente de Onega a los 73 minutos.
River se impuso 3-2; dejó la tabla empatada en puntos y, nuevamente, la situación se complicó; una tercera final fue necesaria; las dudas y el desgaste volaban sobre el aire del vestuario Carbón.
El tercer partido se colocó en un escenario que tiempo después sería conocido por su afinidad con el Manya: el Estadio Nacional de Santiago.
El 20 de mayo, Peñarol y River dieron comienzo a una de las finales más “Copa Libertadores” de todos los tiempos.
El conjunto argentino estaba dominando; Peñarol no encontraba a sus arietes en ataque y la defensa hatenai carencias por momentos; tanto fue así que, a los 28 minutos, una gran jugada colectiva millonaria terminó en gol de Daniel Onega; a los 42 minutos, Jorge Solari robó una pelota a Caetano (en el medio del campo) y, de un potente remate cerca del área, colgó la pelota en el ángulo derecho.
0-2 fue el marcador del entretiempo; cabe resaltar que, en algún momento del primer tiempo, Amadeo Carrizo dominó una pelota con el pecho, acto que fue visto por todo el plantel Decano pero, sobre todo, por Spencer, que se enojó y le reclamó la “sobrada” —quizás fue casualidad, pero ese acto revolucionó los motores aurinegros, haciendo que el equipo cambiara en el complemento—.
Cualquier equipo perdería el aliento, pero no Peñarol; aunque su fútbol no mejoró, la voluntad persistió y, a los 65 minutos, Alberto Spencer puso el 1-2 proveniente de un centro de pelota parada. El fuego y el León estaban más vivos que nunca. Peñarol insistió y, seis minutos después, una pelota peleada al borde del área que terminó en el ángulo por parte de la derecha del “Pardo” Abbadie puso el 2-2 con el que culminaron los 90 minutos reglamentarios; ya en el suplementario —con los Carboneros claramente arriba, tanto en juego como en personalidad— pasó lo que para muchos parecía imposible: Spencer, a los 101 minutos, de un potente cabezazo puso la ventaja; y Rocha, haciendo honor a su apodo (“Verdugo”), bajó la guillotina a los 109 minutos, asegurando el 4-2 final.
Esta final es prueba de las maravillas que suceden cuando hay una pelota de fútbol y una camiseta dorada y negra de por medio.
Peñarol se consagró como el primer tricampeón de la Libertadores, en una final —hasta el día de hoy— icónica por ser la única en la que se remontaron dos goles en contra; una final ganada A LO MACHO.