Barrio Peñarol

Una de las localidades más icónicas del país, conocida por ser la cuna del Decano y por ser –por varias décadas– la casa de los trabajadores del ferrocarril.

Bautizado en 1790 en honor a Juan Bautista Crosa (inmigrante italiano procedente de Pinerolo), el Barrio tomó popularidad  y desarrollo un siglo después de su muerte. En 1890 con la llegada de la empresa británica Central Uruguay Railway (CUR), que compró y estableció sus talleres en los terrenos del Barrio (cabe resaltar que para esos años era considerado “Villa”, de ahí su antigua denominación “Villa Peñarol”).

En el siglo XX, tuvo distintos reconocimientos. Entre ellos destaca la transición de “pueblo” a “villa” en 1953 y el reconocimiento como Monumento Histórico por sus edificaciones en 1975.

Ya en el milenio actual, tuvo un plan de recuperación del patrimonio del barrio, donde se restauraron los seis mil metros de plaza pública y el edificio de la estación. En las habitaciones, que durante casi un siglo fueron sala de espera y oficinas de operaciones, se realizó un museo con equipamiento original, como telégrafo, 

taquilla, fechador, reloj, teléfono a magneto y otros bienes del universo ferroviario.

Historia

ORIGEN DE LAS SIETE LETRAS – PEÑAROL – SIGLO XVIII

Todo comenzó con Juan Bautista Crosa, un italiano nacido en la ciudad de Pinerolo, ubicada en Piamonte (región italiana). En 1751, emigró a la colonia española, Banda Oriental (que en 1830 pasó a ser la República Oriental del Uruguay) y, en 1776, instaló una pulpería a 10 km al norte de Montevideo (que en esos años era una ciudad amurallada).

Crosa bautizó su negocio con el nombre de su ciudad natal, “La Pulpería de Pinerolo”, pero la deformación natural de las pronunciaciones populares resultó en la creación de la palabra “Peñarol”. Cabe destacar que el apodo de Crosa era “Don Pinerolo”.

La Pulpería de Pinerolo y algunas iglesias fueron las primeras edificaciones comunitarias de la zona, la cual empezó a conocerse como “Peñarol”. Juan Bautista Crosa murió en 1792 y fue enterrado en el campo de una capilla que estaba al lado de su negocio.

Un dato curioso relacionado con Crosa es que fue militar, desempeñándose como pífano (un músico que tocaba una flauta). Su nieto, Félix Crosa Peñarol, formó parte de la Infantería Uruguaya y participó en varios eventos del siglo XIX, como la Revolución Artiguista o las ofensivas portuguesas de la época. Otro dato curioso pero alusivo a Pinerolo es que fue sede de una famosa prisión estatal durante el siglo XVII. Allí estuvo recluido el misterioso “Hombre de la Máscara de Hierro”, cuya identidad nunca fue revelada y que inspiró leyendas, libros y películas. Su paso por Pinerolo es uno de los enigmas más célebres de la historia europea. 

ARRIBO DE LOS INGLESES – SIGLO XIX

En 1888, Mr. Barker, secretario de la empresa ferroviaria Central Uruguay Railway (CUR), fue enviado directamente desde Inglaterra para resolver problemas de infraestructura urgente. El más apremiante era la falta de espacio para instalar talleres mecánicos de gran escala.
Barker recomendó una zona al norte de Sayago, próxima a la estación provisoria de Bella Vista. Así fue como se seleccionaron 17 hectáreas delimitadas por las actuales avenida Sayago, camino Casavalle y camino Edison. 

 

La adquisición de esos terrenos, que alguna vez habían pertenecido a la estancia de Crosa, tenía un propósito doble: servir como centro técnico para el mantenimiento ferroviario y como núcleo habitacional para los obreros.
El modelo aplicado fue claramente británico: concentrar en un mismo lugar producción, transporte, vivienda y recreación. Lo que se fundó en ese punto no fue solo un conjunto de talleres, sino una colonia industrial (mejor dicho un “Company Town”) inglesa, según los patrones urbanísticos del siglo XIX. De hecho, Mr Barker tenía la idea de nombrar al “nuevo” pueblo “Nuevo Manchester”, la idea no prosperó ya que la denominación “Peñarol” tenía un fuerte arraigo imperturbable. 

 

Durante la primavera de 1891, y en ese mismo contexto, se fundó el Central Uruguay Railway Cricket Club (CURCC), por iniciativa de jerarcas ingleses. El deporte (especialmente el cricket y luego el football) era parte del espíritu victoriano que entendía la práctica física como disciplina, cohesión social y salud laboral. El CURCC fue la expresión deportiva del ferrocarril y a la vez el germen de una nueva cultura futbolística que pronto superaría a su origen patronal.

 

Ese año fue especialmente simbólico. Se inauguraron dos centros (uno social, el Centro Artesano, y otro deportivo, el CURCC), un almacén de ramos generales (la “The Montevideo Trading & Co”  o simplemente, “La Trading”), una casa del médico, un teatro, además de canchas de cricket, fútbol, tenis y polo. Se construyeron también alrededor de 16  casas para obreros y 8 para jerarcas, todas bajo un diseño victoriano importado de Liverpool.

 

En total, se levantaron más de 33.000 m² de infraestructura. La arquitectura, el trazado urbano, la jerarquización del espacio y la organización de la vida cotidiana respondían al ideal británico de colonia industrial funcional, eficiente y ordenada.

Villa Peñarol fue, desde entonces, mucho más que un centro ferroviario: fue el epicentro de una revolución cultural, símbolo tangible de la modernización inglesa en Uruguay y, sobre todo, cuna del Club más grande de la historia del país.

EVOLUCIÓN – FINES DE SIGLO XIX / SIGLO XX

El desarrollo de la Villa Peñarol, a fines del siglo XIX, estuvo acompañado por la creación de instituciones sociales y culturales que consolidaron su identidad comunitaria. Entre ellas, la educación ocupó un lugar central, reflejando también el pensar batllista del tiempo. A iniciativa de la Comisión Vecinal de Peñarol y con el apoyo del CUR, en 1894 se inauguró la primera escuela pública del barrio.

 

El proyecto fue impulsado por el ingeniero Frank Hudson, superintendente de talleres y primer vicepresidente del CURCC, reconocido por su compromiso con las necesidades sociales de la comunidad. Hudson gestionó que la empresa cediera las instalaciones del Club Artesano para que allí funcionara la escuela en sus primeros años, y solicitó a la compañía un terreno sobre la actual calle De los Talleres. Además, donó junto a la colonia inglesa varias fracciones de su propiedad para una rifa organizada por la Comisión de Ayuda, cuyos fondos (1.000 pesos fuertes) se destinaron a la construcción del edificio definitivo.

 

La escuela abrió sus puertas el 2 de abril de 1894 como Escuela Rural Nº 25 (pronto remunerada como Nº 26), con María Vittori (1874–1959) como directora. Joven maestra de ascendencia italo-española y con tres años de experiencia, Vittori imprimió al centro un carácter disciplinado y participativo. En apenas tres días, las inscripciones superaron los 80 alumnos, reflejando la rápida demanda educativa de un barrio en expansión.

En 1899 el establecimiento fue elevado a Escuela de 2º Grado Nº 34, y en 1907 se inauguró un edificio de dos plantas construido en terrenos donados por la empresa ferroviaria. Ese mismo año se creó un Curso Nocturno para Adultos, dirigido a obreros y vecinos que no podían asistir en horario diurno, convirtiéndose en una experiencia pionera en la zona.

 

Durante más de dos décadas, la gestión de María Vittori mantuvo a la escuela como centro de formación y vida comunitaria. Además de su labor en las aulas, participaba en actividades sociales, llegando incluso a asistir con sus alumnos a partidos del Club Peñarol, muchos de ellos hijos de vecinos que no trabajaban en el ferrocarril.

La escuela formó a personalidades de gran proyección nacional e internacional, como el presidente Andrés Martínez Trueba, el capitán trimundialista José Nasazzi, el poeta Ovidio Fernández Ríos, el obispo Ángel Muzzolón, el jurista Hamlet Reyes y el médico Diamante Benatti, entre otros.

En dicha escuela, enseñaba como maestro el Sr. Francisco Simón, 6to presidente del Club y activista huelguista de la Unión Ferrocarrilera.

 

Al jubilarse en 1917, Vittori dejó una institución con siete clases, biblioteca nutrida y abundante material didáctico. Décadas más tarde, la Escuela Nº 166 y la Biblioteca Municipal de Peñarol recibirían su nombre, mientras que la actual Escuela Nº 34 conserva la denominación “Congreso de Abril de 1813”.

 

La historia de la escuela de la Villa Peñarol es inseparable del espíritu del barrio. Un ejemplo de cooperación entre la empresa ferroviaria, sus dirigentes y los vecinos, que convirtió la educación en un pilar de la identidad local. El impulso de Frank Hudson y la dedicación de María Vittori garantizaron que esta institución se mantuviera como uno de los símbolos más perdurables de Peñarol.

 

Al final de la primera década del siglo, el número de casas de obreros en la Villa Peñarol había alcanzado las 44. Estas viviendas, construidas por el CUR para alojar a los obreros, mantenían el estilo inglés que caracterizaba al conjunto edilicio, en coherencia con los principios funcionales de las colonias industriales británicas.

 

En 1925 se construyó un puente peatonal sobre las vías, a la altura de las calles Morse y Carlyle. La obra fue una respuesta concreta a los accidentes que sufrían ancianos y escolares al cruzar por ese punto, y se convirtió con el tiempo en una de las estructuras de mayor valor patrimonial del barrio. En todo el país sólo existe otro puente similar, en el barrio Colón. El de Peñarol sigue siendo hasta hoy un emblema de la infraestructura ferroviaria de comienzos del siglo XX.

 

En 1937, el Centro Artesano (centro social y cultural de los trabajadores ferroviarios) fue renovado y adoptó su característico estilo arquitectónico Art Decó. 

 

Hacia las décadas de 1930 a 1950, la antigua Villa fue integrándose progresivamente a la ciudad de Montevideo. El desarrollo urbano, el crecimiento poblacional y la consolidación del tejido vial borraron los antiguos límites rurales. 

 

En 1941, en el marco del cincuentenario del Club Atlético Peñarol, se celebraron en el barrio una serie de eventos simbólicos que reforzaron el vínculo entre la institución y su lugar de origen. Uno de los actos principales fue la erección de un monumento en una plazuela ubicada en la intersección de las calles Coronel Raíz, Shakespeare y Goethe. La iniciativa fue impulsada por el Club y contó con el respaldo del Gobierno Departamental. El proyecto arquitectónico estuvo a cargo del ex presidente de la institución, Juan Antonio Scasso, y la escultura fue diseñada por Antonio Pena. La ejecución de la obra fue realizada por el constructor Alfonso de Chiara. Aunque el presupuesto inicial era de $800.000, la obra superó el millón de pesos. Ese mismo día se inauguró una placa conmemorativa en el Centro Artesano en homenaje a algunos fundadores del Club: Frank Henderson, Isabelino Pérez, Roland Moor y Edmundo Acebedo. La jornada culminó con un baile en el Centro y un espectáculo de fuegos artificiales que iluminó el cielo del barrio Peñarol, rindiendo tributo a su historia y a su papel en el origen del Club.

ACTUALIDAD – SIGLO XXI

El histórico barrio ferroviario de Peñarol ha sido objeto de intensos esfuerzos de preservación en el siglo XXI y es hoy reconocido nacional e internacionalmente por su valor patrimonial. Destacan las declaraciones del experto catalán Eusebi Casanelles (presidente del Comité Internacional del Patrimonio Industrial), quien tras visitar Peñarol en 2006 quedó fascinado: «No soy un experto en ferrocarril, pero en Europa seguro que no hay una estación y unos talleres de ferrocarril como los que hay aquí… un lugar donde hay las barras de transmisión trabajando… para mí son únicos, no sé si en América Latina queda algún otro sitio como este».

Casanelles resaltó que el enclave se mantiene «tal como estaba… fosilizado en el tiempo», algo «único» que podría ser «un monumento a nivel internacional». Este reconocimiento extranjero coincide con el alto valor oficial: el casco histórico de Peñarol está declarado Monumento Histórico Nacional (Res. 2100/975) y Bien de Interés Departamental, lo que subraya su relevancia patrimonial en Uruguay.

 

La Intendencia de Montevideo postuló al “Barrio Peñarol: villa histórica y paisaje cultural ferroviario” en la lista tentativa de Patrimonio Mundial de la UNESCO, y en 2014 la candidatura fue aceptada.

En los documentos de la postulación se destaca que Peñarol representa un enclave único de la revolución industrial capitalista global del siglo XIX, con una arquitectura ferroviaria original que se conserva casi intacta.

Se subraya que parte de la población aún está ligada al ferrocarril y que el barrio «no sufrió el desmantelamiento» característico de otros sitios industriales, lo que permitió preservar la mayor parte de sus bienes originales.

Las autoridades de Montevideo reconocen que muy pocos lugares en el mundo mantienen talleres ferroviarios históricos en funcionamiento; sólo se citan ejemplos aislados en México, Inglaterra o España. El conjunto patrimonial de Peñarol (en siete manzanas) incluye estación, talleres, viviendas de obreros y jerarcas, centro social, teatro, hasta canchas deportivas y un icónico monumento llamado “El Trompo”, abarcando 33.000 m² construidos en 24 hectáreas. Todo esto representa aproximadamente el 10% de las parcelas patrimoniales protegidas de Montevideo.

 

Por iniciativa municipal se ha revitalizado el patrimonio del barrio. En 2006 se instaló señalización histórica en las veredas y se creó un circuito patrimonial con visitas guiadas. 

En este marco se inauguró en 2010 el Museo Estación Peñarol “Don Edgar Mazza”, ubicado en el edificio original de la estación y dependiente de la Intendencia. Allí se exhibe el equipo auténtico del siglo XIX: telégrafos, teléfonos, taquilla de boletos, sellos, block staff y faroles ferroviarios, entre otros objetos de época. Desde 2018 el museo está a cargo del Círculo de Estudios Ferroviarios del Uruguay (CEFU), que lo ha revitalizado completando su acervo con piezas donadas (como faroles y placas conmemorativas de ferrocarriles ingleses, maquetas, etc.) y conectándolo a recorridos históricos mayores.

Este “museo vivo” permite ver cómo funcionaba la estación y refuerza el valor cultural del barrio. El tejido urbano de Peñarol conserva en pie la mayor parte de su infraestructura original. 

En las calles del Barrio sigue operando la vía férrea principal de Montevideo (aunque sin tráfico de pasajeros), lo que hace del barrio un enclave ferroviario activo. 

 

Además, Peñarol alberga, en la calle Lincoln, la sede del histórico sindicato de los trabajadores ferrocarrileros: Unión Ferroviaria. Es tan histórico que es más viejo –se fundó en 1941– que la Administración de Ferrocarriles del Estado (AFE), que nació en 1949. El sindicato logró en mayo del 2024, que el espacio libre al lado de las escuelas se llame Plazoleta Gilberto Trencito Coghlan. Coghlan fue obrero ferroviario, dirigente de la Unión Ferroviaria y miembro de su consejo directivo. En julio de 1973 fue secuestrado en un local sindical junto a otros 9 compañeros por efectivos del ejército, y el 13 de diciembre, estando en muy malas condiciones físicas debido a las brutales torturas recibidas, sufre un desmayo y es trasladado a la sala 8 del Hospital Militar donde falleció a la mañana siguiente a la edad de 36 años.

Todo el conjunto edilicio, protegido por ley, mantiene un aspecto muy cercano al original. Un ejemplo notable es el “Trompo” de Peñarol, una gran pieza de fundición en la esquina de Aparicio Saravia y Newton (foto abajo) que, según la tradición local, sería un cañón colonial. Este “símbolo” errante y enigmático de Peñarol fue integrado al catálogo de bienes de interés municipal en 2005, reflejo del arraigo patrimonial que los vecinos le atribuyen. 

 

En resumen, el Barrio Peñarol del siglo XXI es un barrio museo: sus calles, edificios y talleres ferrocarrileros son un patrimonio cultural reconocido, apreciado a nivel nacional (como Monumento Nacional) e incluso candidato a Patrimonio Mundial. La infraestructura permanece mayormente intacta en su diseño original, con uso cultural (museo, circuitos) y social (viviendas), dando fe de su importancia histórica en Uruguay. La conjunción de apoyos oficiales, gestión de especialistas y orgullo vecinal mantiene vivo este enclave industrial patrimonial.

 

Desde sus inicios —con la Pulperia de Crosa, pasando por su etapa de Villa (moderno en lo industrial) y hasta la actualidad ya como Barrio (epicentro cultural de aquella joven nación con influencias victorianas)— este pequeño segmento del Uruguay es el alma material del Club Atlético Peñarol: vanguardista (por su herencia inglesa) y con sabor a Pueblo (por su sangre criolla).