ÉPICAS
Las épicas son los logros que se congregan en momentos en los cuales la situación se complica, ya sea durante el transcurso del partido o por eventos previos que conducen a un encuentro totalmente vertical. Son similares a las hazañas, pero no alcanzan el mismo nivel de prestigio y memorabilidad.
Para diferenciar una épica de un hito, se toman en cuenta su dificultad de obtención y el título (o títulos) ganado. Dicho de otra forma: la importancia y su dificultad son los criterios de desempate al momento de diferenciar estos dos términos.
Las épicas son más numerosas que las hazañas, pero menos frecuentes que los hitos.
Primer campeón continental
Torneo que debuta, uruguayo que lo consigue.
En la primera edición de la Copa Campeones de América, Peñarol se alzó como campeón, la final fue contra el Olimpia de Paraguay. Un feroz equipo que dio una digna batalla para la memoria.
En la primera final, jugada el 12 de julio en un colmado Estadio Centenario con 44 mil espectadores, Peñarol se impuso 1-0 tras un espectacular pase de Cubilla y un remate de Spencer en el último cuarto de hora.
Siete días después, en Paraguay, se jugó la segunda final, una de las más caóticas y duras que existieron. A la media hora, los paraguayos se pusieron un gol arriba y la contienda se volvió todavía más ardua. Maidana, Gonçalves y los zagueros tenían que estar atentos a los remates de larga distancia y a las constantes llegadas del rival, mientras que Spencer y el resto de los atacantes intentaban capitalizar todas las oportunidades posibles. Parecía que todo se definiría en un tercer partido, pero el León rugió en los últimos 10 minutos y Cubilla anotó el gol del empate, poniendo al Manya arriba en el sistema de puntos. Peñarol se consagró como el primer campeón de América, dando comienzo a una década llena de gloria.
(Para el relato completo del camino, los partidos y el contexto, véase: COPAS → LIBERTADORES 1960).
Primer bicampeón continental
En la segunda edición de la Copa Campeones de América, Peñarol defendió la corona con un recorrido intenso: arrancó desde cuartos, goleó con autoridad en Montevideo, pero también conoció su primera derrota en la historia del torneo en la vuelta en Lima. Luego, superó a Olimpia y se ganó el derecho a otra final continental, esta vez ante el Palmeiras, que venía de eliminar a Independiente y a Santa Fe.
La ida se jugó el 4 de junio en un Centenario a reventar (70.000). Fue un partido áspero y parejo, con Palmeiras apostando a resistir y enfriar el cierre. Y justamente en ese cierre nació la diferencia: una salida arriesgada del arquero Valdir de Moraes hacia Djalma Santos terminó en presión, rebote y aparición de Spencer para definir el 1-0 que puso a Peñarol arriba en el global.
La vuelta, el 11 de junio en Brasil, empezó como un golpe perfecto: Sasía marcó a los 2 minutos y cambió el escenario, obligando al Palmeiras a ir a buscarlo. Peñarol sostuvo el asedio hasta que llegó el empate cerca del 70’, pero no cedió más. El 1-1 final alcanzó para consagrar al Aurinegro nuevamente en la cima del continente.
Este título no solo confirmó el dominio, fue el primer bicampeonato de América y abrió otra vez el camino hacia la Intercontinental, que más tarde traería la primera de tres copas mundiales para el Club.
(Para el relato completo del camino, los partidos y el contexto, véase: COPAS → LIBERTADORES 1961).
Primer campeón mundial americano
La experiencia del año anterior en Europa dejó una enseñanza clara y el Club –presidido por el Cr. Guelfi– actuó en consecuencia: reforzó el plantel y se preparó para competir de igual a igual. Así, como bicampeón de América, Peñarol volvió a la escena mundial para enfrentar al campeón europeo, el Benfica.
La serie fue de ida y vuelta. En Lisboa, el 4 de septiembre, Peñarol cayó 1-0 en un partido apretado, donde el local impuso condiciones. Pero la revancha, el 17 de septiembre en un Centenario encendido, fue un golpe histórico: 5-0, con una actuación arrolladora que cambió por completo el tono del cruce y emparejó la definición.
Como el reglamento exigía un desempate, se acordó un tercer partido en Montevideo. Benfica aceptó jugarlo con la condición particular de sumar un nombre más a su delegación, ese nombre fue Eusébio, joven figura que ya generaba expectativa. El 19 de septiembre, ante 60.000 personas, el equipo portugués elevó su nivel y el ingreso de Eusébio sacudió el trámite, pero Peñarol ganó 2-1 con doblete de Sasía y se quedó con la copa.
Con esa victoria, el Club conquistó su primera Intercontinental y se colocó en la cima del fútbol mundial.
(Para el relato completo del camino, los partidos y el contexto, véase: COPAS → INTERCONTINENTAL 1961).
Único uruguayo supercampeón intercontinental
Cerrando una década de éxitos, en el año 1969 se disputó un torneo que reunía a los campeones de la Copa Intercontinental por parte de CONMEBOL.
Peñarol continuaba con sus principales estrellas, y se sumarían extranjeros top como el argentino Onega o el chileno Figueroa.
Tras una serie de partidos emocionantes, como los Peñarol-Santos o los Peñarol-Racing, el 30 de diciembre se jugaría el último partido en el Estadio (de actual nombre) Luis Jorge Hirsch de Estudiantes de La Plata. Cabe resaltar que Estudiantes era el vigente campeón de América y del Mundo.
Fue un encuentro cerrado: los Pincharratas, con Pachamé, Bilardo y Romero, cortaban los caminos de Ermindo Onega, que no podía dar ese último pase a sus compañeros delanteros.
A los 37 minutos, el conjunto argentino se puso en ventaja, demostrando superioridad local. El descanso trajo suspenso, y el DT Mirasol del momento, Osvaldo Brandao, hizo un cambio crucial: sacó a Ermindo Onega e ingresó el “Pocho” Cortés, quien revolucionó el ataque pudiendo romper la defensa del equipo rival, lo que permitió a Pedro Rocha jugar con libertad.
A los 65 minutos, Forlán le dio un gran pase al salteño Rocha, quien eludió al arquero Flores y, con un toque, marcó la igualdad en el tanteador, enmudeciendo a toda la tribuna local. 7 minutos después, Julio Losada hizo una gran jugada individual, eludiendo a los defensas y, cuando el golero quiso cerrarlo, le cruzó un centro al «Verdugo» Rocha, quien cabeceó con el arco desprotegido, firmando un nuevo doblete y cerrando la canasta goleadora del encuentro.
Con este título internacional, el Club Atlético Peñarol puso fin a una década de solo lauros y estrellas.
(Para el relato completo del camino, los partidos y el contexto, véase: COPAS → SUPERCOPA 1969).
Primer y único uruguayo tetracampeón de América
La edición número 23° de la Copa Libertadores fue conseguida por el Decano tras derrotar al Cobreloa de Chile.
Una Libertadores soñada, tanto por su estadística, como por el significado que tomó –con la vuelta de Fernando Morena–.
La primera final se jugó el 26 de noviembre en el Estadio Centenario, con 60 mil espectadores, y terminó en empate 0-0 entre Peñarol y Cobreloa. Peñarol atacó constantemente, pero la defensa de Cobreloa logró contenerlos. El empate fue celebrado por los chilenos, que veían con optimismo la definición en casa.
El 30 de noviembre, la vuelta se jugó en el Estadio Nacional de Chile ante 75 mil hinchas. El partido se desarrolló de manera similar al primero, con Peñarol atacando y Cobreloa defendiendo. A punto de llegar a los 90 minutos, Venancio Ramos hizo un desborde por la banda derecha y centró a Fernando Morena, quien anotó el gol decisivo. Peñarol ganó 1-0 y se convirtió en el único club uruguayo en ganar cuatro veces la Copa Libertadores.
Esta Copa es especial por los rivales enfrentados: River Plate, São Paulo, Grêmio, Flamengo (vigente campeón de Brasil, América y del Mundo), Cobreloa (vigente campeón de Chile y subcampeón de América). La única derrota fue con Grêmio, de visita y ya clasificados; después, todo fueron victorias; los únicos empates fueron un 0-0 contra Defensor Sporting y el de la ida con el Cobreloa.
El Carbonero es el único uruguayo en llegar a 4 Libertadores y ostentarlas en sus vitrinas.
(Para el relato completo del camino, los partidos y el contexto, véase: COPAS → LIBERTADORES 1982).
Primer tricampeón intercontinental
Con la cuarta Copa Libertadores y el título uruguayo ya en la vitrina, el Club llegó a la Intercontinental con un objetivo claro, coronar un año inolvidable y confirmar su dominio.
El torneo ya tenía el formato moderno. Desde 1980 pasó a jugarse a partido único, con Toyota como patrocinador, y con sede fija en Tokio, Japón. El 12 de diciembre, en el Estadio Olímpico de Tokio, al Decano le tocó medirse con el Aston Villa, campeón de Europa.
El partido fue parejo en el arranque, con chances para ambos, hasta que cerca de la media hora se abrió con una acción inesperada. Peñarol tuvo un tiro libre a más de 30 metros y Jair Gonçalves lo ejecutó con un efecto extraño que terminó adentro, para el 1-0. A partir de ahí, el Carbonero se mostró más agresivo, manejó el trámite y fue por el segundo. Aston Villa intentó cerrarle caminos a Morena, pero a los 67’, una jugada trabada en mitad de cancha terminó en pase filtrado de Venancio Ramos para Walkir Silva; el remate fue atajado, quedó el rebote y Peñarol empujó el 2-0 definitivo.
Con esa victoria, el Club se consagró como el primer tricampeón mundial, además de convertirse en el único sudamericano campeón en tres continentes y en el único que ganó la copa frente a tres campeones europeos.
(Para el relato completo del camino, los partidos y el contexto, véase: COPAS → INTERCONTINENTAL 1982).
Remontadas del Segundo Quinquenio ★ ★ ★ ★ ★
El Segundo Quinquenio de Oro no solo es recordado por las 5 vueltas consecutivas de Peñarol: hubieron dos clásicos únicos en la historia por su contexto y por lo bisagra que fueron.
Estos clásicos se jugaron en un periodo de 18 días y los dos fueron un calco del otro: Nacional ganaba por dos goles, Peñarol se levantó, y dio vuelta el resultado de manera contundente..
Primer Clásico – “El 4 a 3” – 19/10/1997
Para conseguir el Campeonato Uruguayo de 1997 –y por consecuencia, el Quinquenio–, se tenían que dar una serie de resultados exactos. Uno de ellos era ganar justamente este clásico, que por momentos se vio oscuro, pero nada que el hijo mayor de la garra charrúa no pudiera afrontar.
DESARROLLO
En el viejo Centenario y con un marco total de 65 mil hinchas –tanto albos como Aurinegros–, se dio inicio al partido.
Una gran jugada individual de Barilko dio la asistencia para que Baltierra anotara el momentáneo festejo tricolor. Momentáneo porque Bengoechea, de un gran centro proveniente del “Pato” Aguilera, convirtió de cabeza el 1-1.
Washington Rodríguez y Rubén Sosa pusieron la ventaja para Nacional por 3-1 antes de los 40 minutos de juego, pero el “Gato” Romero puso a Peñarol a solo un gol del empate poco antes del receso.
A los 66 minutos, vino el empate por parte del “Tito Chico” a través de un centro del gran “Profesor” Bengoechea. La hinchada Aurinegra explotó, previendo el cuarto gol –y así fue–. A los 76 minutos, nuevamente de un centro del 10, De Lima convirtió el cabezazo en gol, sentenciando el éxito carbonero.
CRONOLOGÍA
21’ gol de Nacional (D. Baltierra)
25’ gol de Peñarol (Pablo Bengoechea)
31’ gol de Nacional (W. Rodríguez)
34’ gol de Nacional (R. Sosa)
45’ gol de Peñarol (Luis “Gato” Romero)
66’ gol de Peñarol (Jórge Gonçalves)
76’ gol de Peñarol (Juan Carlos de Lima)
Segundo Clásico – “El 3 a 2” – 05/11/1997
Nuevamente, los colosos se veían las caras. Esta vez por la semifinal del Campeonato Uruguayo. La situación era la misma, ganar –y acceder a las finales contra Defensor– o despedirse del título.
DESARROLLO
El partido comenzó inclinado a favor de Nacional, que logró adelantarse con un golazo de tiro libre de Rubén Sosa a los 38´, el cual pegó en el palo y entró. Poco después de iniciado el segundo tiempo, José Zalazar amplió la ventaja con un potente remate desde fuera del área.
El panorama era sombrío, más que nunca, pero como si se tratase de un déjà vu, el León volvió a rugir.
A los 61´, un joven Zalayeta achicó la distancia corrigiendo (con un rebote) un tiro libre del “Pato” Aguilera. 4´ después, el “Lucho” Romero empató mediante una jugada que lo dejó lesionado. Como si se tratase de una intervención divina, ingresó De Lima en su lugar, quien no se distrajo del objetivo, encaró al área y la cuchareo para poner el 3-2 final.
La imagen de las tribunas ya quedó para el recuerdo: el Pueblo eufórico, tricolores desolados.
CRONOLOGÍA
38’ gol de Nacional (R. Sosa)
47’ gol de Nacional (J. Zalazar)
61’ gol de Peñarol (Marcelo Zalayeta)
65’ gol de Peñarol (Luis “Gato” Romero)
77’ gol de Peñarol (Juan Carlos de Lima)